viernes, 6 de marzo de 2009

EL FIN DE LA HISTORIA DE LA IDEOLOGÍA Y EL FIN DE LA IDEOLOGÍA DE LA HISTORIA


“El fin de la historia” de Fukuyama era un intento de apuesta a que lo que había finalizado era la hegemonía de la ideología en la opinión pública y academia mundial.

Según él habíamos arribado a una nueva época donde el pragmatismo imperante en la sociedad occidental había convertido al género humano en un sujeto no-ideológico y las practicas económicas del siglo 20 ya no eran la utópica misión autoimpuesta por los políticos de antaño de humanizar el mundo y construir un estado, social y solidario.

Antes de Fukuyama, Tofler ya nos había advertido que vivíamos una nueva época, “la tercera ola”, la era de la información y la tecnología, Drokker también había escrito decenas de libros sobre la revolución de las organizaciones y la inminente llegada del post-capitalismo y por supuesto Lyotar nos había hecho el favor de explicarnos que ya vivíamos en “la pos-modernidad”.

Antes a Fukuyama, Lipset, se había preguntado si la era de la ideología había llegado a su fin, posterior a Fukuyama, Castels, no advertía de la sociedad de redes, Ritzer nos decía que vivíamos en un mundo Mc´donalizado, Dietrich, proclamaba el fin de la burguesía atlántica, el colapso del estado occidental homogéneo y la aurora del socialismo del siglo 21, junto a él cientos de autores nos remarcaron que la globalización era la culpable de todas las venturas y desventuras del mundo occidental, hasta escuchamos al mismísimo Correa, violando las leyes dialógicas, decretar el inicio de un cambio de época que según él no era una época de cambios.

¿Entonces por que recordamos particularmente a Fukuyama si es uno más de los tantos teóricos que han escrito sobre el afamado cambio de época?

Porque Fukuyama nos propone el final de la historia que no es más que la muerte del historicismo, y para proponerlo se embarca en la paradójica tarea de retornar a Hegel, el padre del historicismo.

Suicida tarea de resucitar a Hegel, asesinándolo. Pero en un mundo figurado diacrónico, sin historia, ya nada nos puede sorprender.

Hubiera sido menos complejo entender esta aurora política si Fukuyama hubiera apostado a explicar su visión desde Levi Straus y el estructuralismo, pero Fukuyama no apostó a lo preestablecido, a lo común, a lo predecible, Fukuyama, polémico como es, se atreve a ser provocador, a querer hacernos ver que había una faceta en la teoría de la evolución dialéctica de la sociedad y la política que no se deja ver, pero que la estamos viviendo, que nos inunda y en la que derivamos o co-derivamos, estructuralmente, como diría Maturana.

El fin de la historia llegó según Fukuyama, por que aconteció lo que hace unos cientos de años Hegel había profetizado. El modelo de estado hegemónico (el modelo de estado liberal-capitalista), cúspide de la evolución dialéctica del espíritu (dios-universo-mundo-hombre-sociedad-estado) se había instaurado por fin en occidente, el sistema capitalista se había globalizado a tal punto que ya ningún otro modelo habría de ser un verdadero competidor y tarde o temprano todo el planeta terminaría siendo el estado hemonico mundial, lo que Dietrich llamó años más tarde la hegemonía de la burguesía atlántica.

¿Qué pruebas habían en el mundo en la época que Fukuyama esgrimía estas ideas?

El fascismo, había sido desbaratado con la segunda guerra mundial, Rusia, había perdido la guerra fría y con ella el comunismo como ideal de sociedad había sido desenmascarado como lo que era una utopía más de esas soñadores esgrimen y psicópatas se apoderan y sacan provecho, China se atrevía a buscar una economía mixta, los nacionalismos tercer mundistas no buscaban más que reivindicaciones locales y el modelo liberal de estado no tenía ya ninguna competencia seria en el mundo de la ideología política mundial.

Así para Fukuyama siguiendo a Hegel, era más importante el consenso de la idea imperante que la puesta en práctica en el mundo material, por que como buen hegeliano Fukuyama sostenía que la conducta humana siempre estaba precedida por la consciencia y el modelo político imperante, tenía que estar precedido por una ideología política hegemónica.

¿Entonces, que efecto produciría esta globalización del capitalismo?, el final de las guerras ideológicas, el final de las disputas teóricas sobre qué modelo es el mejor o el más ético, la humanidad se abandonará al pragmatismo de la producción y la actividad más que política será económica, en todo el mundo, o por lo menos en los países más importantes del globo.

A la misma conclusión había llegado Lipset, la pragmática de la actividad económica mundial, conducía al final de la ideología, los países liberales, se volvían mas proteccionistas y los países socialistas se volvían más democráticos, la solución de conflictos era el objetivo inmediato de las políticas nacionales y empoderar la producción era el objetivo consensuado en la época que le tocaba vivir a la humanidad, la guerra ideológica se remplazaba por la competición comercial. Ya no eran necesarios los mesías, los héroes y los mártires, los sacrificios legendarios habían ya perdido el sentido en la humanidad, la bienvenida estaba para los genios, para los creativos, lo tecnólogos y los científicos. Los enemigos de la humanidad ya no eran los amos-explotadores-burgueses-capitalistas o los revolucionarios-terroristas-comunistas, porque la humanidad tenía como enemigo en común la ignorancia, la enfermedad y la pobreza.

¿Pero a que nos lleva este final de la historia como final del conflicto entre las ideologías?, ¿a que nos lleva esta sobre saturación de pragmatismo y sobreproducción?, nos lleva a la muerte de una de las corrientes más fuertes en la historia de las ideas humanas, “El historicismo”. El historicismo, resucitado por Hegel, no es invento de él como lo supone Fukuyama, En la “Miseria del Historicismo” Popper explica cómo nace y se mantiene esta corriente de pensamiento, que ha bebido de la mitología arcaica, mucho más que el común denominador de las teorías políticas del la modernidad.

Las culturas totémicas suponían que su pueblo descendía míticamente del su tótem, patrono protector y símbolo de identidad tribal, las culturas shamanicas en su cosmovisión, otorgaban la paternidad del pueblo al cielo (pacha kamak) y al a tierra (pacha mama), al sol (inti) o alguna deidad mitológica (viracocha). Los arios, los escandinavos y los griegos antromorfizaron a sus deidades atribuyéndole caracteres humanos a sus doses, todos estos pueblos tenían algo en común le atribuía a sus dioses la paternidad de su etnia, arcaicamente, su dios habitaba entre ellos como en la cultura egipcia donde el faraón era un dios, o en otros casos como en las culturas japonesa, inca, maya, los dioses eran los progenitores de la estirpe, la cultura judía arcaica considera a Iahveh el único dios existente y a los dioses de los otros pueblos como demonios, por lo tanto ellos eran el pueblo elegido de dios y los otros pueblos eran los servidores del enemigo (Satán).

Con la misma lógica que los judíos piensan que son el pueblo elegido de dios, los nazis pensaron que la raza aria era la raza elegida para reinar en occidente y los nipones pensaron que su imperio era el legitimo dueño de oriente y los marxistas pensaron que la proletaria era la clase que debía apoderarse del estado.

Esta lógica es la lógica del historicismo y pueblo, raza y clase se permutan una por otra en la ecuación historicista donde x = elegido y donde la ideología es la única fuente de verdad, una verdad tautológica que a los ojos de judíos, nazis o marxistas parece tan real y racional que nos sorprende como pueden pueblos enteros quedar seducidos por argumentos que violan los principios más básicos de la lógica.


Así que la muerte de la historia de Fukuyama, es la muerte de la historia, y la historia como la entendemos nosotros no puede morir por que la historia es la memoria de la humanidad y la humanidad mientras siga existiendo seguirá teniendo memoria colectiva, pero la historia es para Hegel lo que la ideología es para Marx, entonces el fi n de la historia es el fin de la ideología y el fin de la ideología por que según Fukuyama el liberalismo derroto las expectativas del marxismo, el fascismo y Teocentrismo, la muerte del historicismo criticado por Popper.

Ante esto queda decir; ya la escuela de Frankfurt en su teoría crítica ha planteado que la existencia del pragmatismo no anula la ideología, y más aun el pragmatismo, el cientificismo y el positivismo o el postmodernismo, son en sí mismo ideologías, tan ideologías como cualquier otra, por que sirven a un amo y lo hacen de manera que los sirvientes ni se enteran de quien es el amo a quien sirven.

Lakatos ya demostró en su análisis histórico que los movimientos ideológicos no mueren, van al infierno a reagruparse, es decir se encapsulan hasta que resucitan cuando se vuelve a contestar alguna nueva pregunta usando una vieja y olvidada formula, así tenemos en Latinoamérica el resurgimiento de keines, el nacionalismo indígena y la socialdemocracia, disfrazado de socialismo del siglo 21.

Ya explicó Khun como se dan estas transiciones paradigmáticas en su texto sobre la estructura de la revoluciones científicas, lo interesante es que las teorías de Lakatos y Khun se adaptan maravillosamente a los cambios políticos y culturales con la misma eficacia en que explican los cambios en la ciencia y aunque aparentemente sean teoría encontradas o opuestos lógicos, son en realidad complementarios.

Pero aun que estos aciertos teóricos de Popper, Lakatos y Khun sean más antiguos que los desaciertos de Fukuyama y Lipset, parece ser que no habían sido antes acoplados como desafíos ante las posturas políticas apologéticas de estos politólogos de la época moderna.


Eduardo Roldós Arosemena.









FUENTES:

El final de la historia y el último hombre. Fukuyama.
¿EL fín de la ideología? Lipset.

martes, 27 de enero de 2009

¿Ética?

Mayo 2007

¿Ética?

El significante ética, del latine etos. (Lugar o costumbre) suele esgrimirse como arma contundente cuando argumentos deductivos faltan para validar alguna posición gremial que disfraza intereses personales o de conveniencia grupal. Al estilo de la más arcaica tautológica, “La ética lo exige”, antiguo “nobleza obliga” se pretende justificar lo que suele ser simplemente interés de clase.

El sujeto ético, otro mito de los seudo humanistas (idealista reciclados), se coló como ideal imaginario, en el discurso político-ideológico de activistas cómodos que disfrazan su inoperancia, amparados en el nombre de la nueva ideología de la modernidad “la ética humanista”, construcción idealizada que cual bandera sirve de estandarte a el político que nunca ha sido capaz de practicar su propia prédica.

Veamos algunos ejemplos: El médico no le cobra al médico, el psicólogo si le cobra al psicólogo, es más el psicólogo veterano pretende venderle la idea al psicólogo novel, que su práctica no tendrá ninguna efectividad si no es tratado por él y además supervisado por él en una “supervisión de casos particular” o un “análisis didáctico” o cualquier formula pedagógica extra universitaria que se invente para el mismo fin. En la cual se le cobra al psicólogo novel lo mismo que se le cobra a un paciente.

¿Es acaso esto ético? Claro que es ético, si es una costumbre, si es aceptado, si es un uso social, por supuesto que es ético, y por que no es ético que el ¿médico le cobre a otro medico?

¿Es ético que exista un código de ética? Código, codex, códice, o compilado de normas de costumbre, usos o conductas validas para la práctica del psicólogo clínico. ¿Una herramienta para que fin? , ¿Controlar la conducta del gremio?, ¿precautelar a los usuarios de la mala práctica?, ¿de la iatrogenia? , o ser otro de los brazos del bio-poder ideológico que mantiene al gremio como está en los actuales momentos.

¿Y como esta el gremio en los actuales momentos? , es fácil saberlo, solo hay que tocar la puerta del vecino y preguntarle, ¿sabe usted que es un psicólogo clínico y para que sirve? , ¿Alguna vez lo ha consultado? , ¿Puede contarme su experiencia? Preguntas que necesitan de gran valentía para que nos atrevamos a hacer, por que denota la real posición del gremio en el imaginario social ciudadano.

¿Es ético que un colectivo como el colegio de psicólogos clínicos expida un código de ética? Un colegio profesional tiene las funciones de servir, proteger y amparar a sus afiliados, ¿como este colegio sirve y ampara a sus afiliados? Entre otros servicios los colegios de otras profesiones facilitan a los nuevos afiliados toda la tramitología necesaria para obtener sus papeles en regla, en el caso nuestro, estar registrados en el CONESUP y el ministerio de salud, ¿esto ocurre en el colegio de psicólogos clínicos? Según reportan algunos de los últimos egresados de esta facultado no solo que el colegio no facilita estos trámites si no que se vuelve censurador de aquellos que egresados que tienen problemas con dicha legalización. Otros colegios profesionales tiene como objetivos, la actualización científica, técnica y académica de sus miembros. Así el colegio de médicos por mucho tiempo expidió reconocimientos de especialistas en diferentes especialidades hasta que el CONESUP se lo permitió, ¿que reconocimiento similar hizo alguna vez nuestro colegio? ¿Que congresos y seminarios internacionales o nacionales se hacen mensual, semestral o anualmente?, ¿Que intento de unificar a las diferentes asociaciones de psicólogos que existen en nuestra ciudad y en el país? , ¿Que reunión de trabajo se ha realizado con los diferentes gremios de terapeutas conductuales, humanistas, psicoanalistas, alternativos, sistémico familiares, transpersonales, transacionales, hipnoterapeutas, criminólogo-forenses, etc.?

¿Qué preocupación tiene el colegio de psicólogos por lo que sucede en la universidad ecuatoriana quien provee a este gremio de sus nuevos miembros? Le preocupa que a sus afiliados se les pague el salario justo y no le preocupa que los estudiantes en su preparación trabajen tres años de su vida gratuitamente violando el precepto constitucional de que todo trabajo debe ser remunerado. Le preocupa la confidencialidad de la información personal de los usuarios y no le preocupa que los estudiantes sean obligados a exponer las intimidades de la vida de los pacientes sin pedir su consentimiento.

Le preocupa que sujetos empíricos y sin entrenamiento se hagan pasar por psicólogos y no le preocupa que estudiantes sin ningún conocimiento ni experiencia en diagnóstico y terapia estén obligados a atender pacientes en dispensarios del sistema de salud publica haciéndose pasar por psicólogos graduados.

Le preocupa que los psicólogos no encuentren mecanismos para la inserción laboral y no le preocupa que haya un convenio entre la universidad de guayaquil y el ministerio de salud que otorga esclavos que trabajan gratuitamente y hacen así innecesario que el ministerio de salud gestione partidas presupuestarias para poder contratar psicólogos graduados que atiendan a la población.

Le preocupa la calidad científica de sus afiliados y no le preocupa la calidad de la educación que están recibiendo los futuros psicólogos, totalmente desvinculada de la realidad socioeconómica que le toca vivir a esos estudiantes y también totalmente desvinculada de la metodología que la población atendida demanda. Prueba de lo dicho antes son la nula investigación hecha por el colegio de psicólogos sobre la atención de salud mental en el sistema de salud pública en que nos toca atender.

Si existiera dicha investigación se hubiera podido corroborar la incongruencia en cuanto al número de sesiones que exigen nuestras materias y el promedio de sesiones que asisten nuestros usuarios.

Si existieran estas estadísticas, el colegio de psicólogos, la dirección de salud mental y las autoridades de la facultad de Psicología se hubieran dado cuenta que mientras los modelos en los cuales nos supervisan el mínimo de sesiones exigidas es de doce sesiones mínimo y el promedio de sesiones que un usuario permanece en consulta bien se dio cuenta Albert Ellis que no es superior a cinco sesiones en los estratos económicos pudientes ¿ que decir en las zonas marginales que nos toca atender? Estas reflexionan sirven para entender que el bienestar de quienes controlan el sistema gremial se basa en la explotación del obrero que en este caso es el psicólogo novel y el estudiante de psicología clínica, es ¿esto ético? Por supuesto, si es socialmente aceptado, si es validado, si es costumbre, si los sabios del colegio de psicólogos así lo decidieron.

EDUARDO ROLDOS AROSEMENA

domingo, 18 de enero de 2009

Lo sacro, el carisma, la piedad y el mito.

El núcleo central de la sociología de la religión en Durkheim es “Lo sacro”, y la división entre “lo sacro y lo profano”. El equivalente en la teoría de Weber es el “Carisma” y en Simmel “la Piedad”.

En primer lugar prefiero referirme a “lo religioso” en vez de “la religión” para tratar este tema desde la sociología. Por que “La religión, es y debe ser dogmática para conservar morfoestasis en el mayor grado posible, mientra las sociología es una ciencia que debe como tal luchar contra la cárcel de hierro del dogmatismo, a la hora de analizar el fenómeno en cuestión.

En segundo lugar, prefiero antes que las categorías de “Lo sacro, el carisma y la piedad”, tomar como concepto central a “el Mito”, como eje del fenómeno de “lo religioso” en la sociedad humana.
El mito tiene un carácter global que contiene a Lo sacro, el carisma y la piedad, además de que se explican todas estas visiones desde el mito, el mito también presenta otras características que comparte el fenómeno religioso con otras manifestaciones culturales, como la historia, la leyenda, la tradición, la ética, la estética y la ideología.

Alport escribió con razón a mediados del siglo 20, La mente es mítica. El funcionamiento de la mente en lo inconciente sigue la misma lógica del mito, esto es sincrónica y atemporal. A esto se refería Lacan en un lenguaje estructuralista, refiriéndose que la cadena significante del lenguaje a nivel del inconciente estaba entramada por significantes que tenían todos valor de S.1, por lo tanto se agrupaba en forma de una red intemporal.

Freud pensaba que el inconciente humano estaba gobernado por complejos, pero Jung decía que atrás del inconciente humano existía un inconciente colectivo que estaba gobernado por arquetipos.

El arquetipo es un concepto genial de Jung, En el tarot los vemos reflejados en los arcanos mayores, también se encuentran en los principales mitos de la humanidad, tienen su contraparte en las deidades principales de la religión africana, en el budú, los Orishas de la santería, los misterios de las religiones persa, egipcia y greco-romana, los arcángeles del judaísmo y cristianismo, los signos zodiacales y hasta los planetas que se estudian en astrología.

El misterio en la humanidad ha sido siempre un camino iniciático, un camino de aprendizaje y pruebas, un camino terapéutico, un proceso de transformación, que va separando gradualmente a el iniciado del común de los mortales, que no han recorrido todavía por el sendero de este misterio. Así el camino iniciático se vale de símbolos que guardan ese secreto, símbolos codificados que solo en el iniciado puede decodificar por que solo a él se le ha enseñado ese significado en ceremonias donde el ha podido recibir el carisma (la gracia) y así ha conocido el misterio.

Estas ceremonias suelen llamarse ritos. Todo rito revive un mito, todo mito mantiene vivo un arquetipo, así los ritos pueden ser de muerte, nacimiento, resurrección, matrimonio, guerra, cosechas, procreación, fertilidad, abundancia, etc.

En los ritos el iniciado entra a formar parte de un circulo místico, de una comunidad de seguidores del misterios, que lo estaban esperando, que le han servido de guía, que son los guardianes de esa tradición y que le entregan un saber, con la consigna que sea él igual que ellos lo han sido, guardián del misterio, albacea del secreto y futuro reproductor de la tradición.

Cuando el iniciado entre en el circulo místico entra a una sociedad estratificada donde encarna un rol y desempeña una función, con el tiempo ira encarnando nuevos roles y desempeñando nuevas funciones, que va formándolo en el misterio hasta el día de su muerte o el día que abandone su vocación mistérica.
Esto que saber que guarda y protege el iniciado es un saber sagrado, sus rituales se realizan en lugares con-sangrados, las palabras que repite en esos rituales son sacras al igual que las vestimentas ceremoniales, los alimentos y bebidas que se consumen, al igual que las historias que se rememoran, todo esto forma parte de “lo sacro” que se encuentra total mente separado para este circulo místico de lo profano.

La información sagrada no se comparte por igual. Las elites mas reducidas conocen los códigos esotéricos, los niveles intermedios tienen un conocimiento mesotérico y a los profanos solo se les deja conocer información exotérica de todos estos misterios.

Lo que ha aglutinado en muchos casos a mucha gente entorno a un grupo religiosos, a sido el carisma (gracia) de su líder, este suele ser el fundador mítico (Jesús, Buda, Mahoma, Confucio, Lao Tze) o reformador de el grupo (Lutero, Calvino, José Smith), aunque muchas veces es solo un revitalizador (Juan Pablo II, La madre Teresa de Calcuta, Gurú Maharishi o Swami Prabupada por ejemplo).

Es interesante ver que el mismo mensaje (doctrina) en el discurso de discípulos herederos no logra mantener el mismo grado de reclutamiento y permanencia de miembros que estos lideres carismáticos obtuvieron, en muchas casos aún sin proponérselo.

Cualquier estudioso puede advertir que el carácter de la doctrina suele varias desde el líder fundador, al líder renovador y al revitalizador. Mientras el fundador hace énfasis en ciertos aspectos del dogma, el reformador o revitalizador se concentra en otros. Esto se debe al carisma de cada líder como característica personológicas individual y también a las características del momento histórico determinado de la sociedad donde le toca vivir a este líder.
Encontramos así a Jesús insertado en una tierra dominada y explotada por un imperio extranjero y su mensaje popularizado en una Roma sojuzgada por un Imperio decadente, a Confucio viviendo una época de conflictos militares y su mensaje difundido en una época de transformaciones sociales La madre teresa luchando contra la pobreza extrema en la India, Calvino adquiriendo autoridad en un tiempo de guerra entre el vaticano y los príncipes europeos. Estos mensajes lograron popularidad por que entregaban respuestas a un pueblo descontento con el estatus quo en tiempos de desgaste de las estructuras políticas imperantes.

Los mensajes de los líderes carismáticos traen siempre algún tipo de liberación, a los conflictos sociales y políticos de la época. Por un lado es cierto que el tipo de mensaje debe ser liberador en una época de asfixia social para que sea haga popular, pero no basta con esto, el líder debe ser un verdadero comunicador de su cosmovisión, de lo contrario no despertará en sus seguidores “la piedad”.

La piedad es, la práctica incólume de los dogmas religiosos hasta convertirlos en normas de vida, la piedad es lo que lo caracteriza a los seguidores mas fieles, la piedad es la fidelidad a estas normas de vida, y la fidelidad a estas normas responde a la “fe” esa doctrina, la fé es esa creencia que no necesita prueba por que esa doctrina ha sido “revelada”, la revelación en si un don y una gracias que le ha entregado el fundador a su comunidad de fieles através del mensaje.

Una comunidad de fieles necesita llegar a tener un número considerable de fieles para llegar al segundo estadio necesario para la supervivencia de un credo. El segundo estadio para la supervivencia de un credo es la organización. La organización ya implica cierto grado de asociación mas compleja que el tradicional circulo místico o secta.

La organización suele ser jerárquica, piramidal y transnacional, el mejor ejemplo de esto es la iglesia Católica, la organización más compleja que conocemos en este sentido que ha tenido que desarrollar su propia legislación, su propia economía y que ha demás a tenido que mutar através de los siglos para poder ir adaptándose a la demanda social de fieles.

Tanto es cierta la necesidad de adaptación que las épocas de mayor flexibilidad dogmática de la iglesia, concuerda con las épocas en que menor renovación de fieles ha tenido. Por otro lado las épocas en que mayor rigidez dogmática que ha sufrido la iglesia es la época en que mayor poder político ha tenido también, por lo tanto sus normas han sido seguidas por obligación, mandato legal o terror, por lo tanto el poder coercitivo ha garantizado su cumplimiento lo que ha hecho creer a sus lideres que no necesitaban de adaptación social, este espejismo trajo consigo el gran cisma protestante y creo las bases para que Calvino inicie su reforma.

Disto mucho de creer al estilo de Tocqueville que el lenguaje y el razonamiento humano debe su existencia a la practica de lo sagrado, tampoco creo que Spirkin tenga razón que la estructura de la mente, el pensamiento y la cultura humana responda absolutamente a la praxis del trabajo colectivo. Es mucho mas probable que el fenómeno cultural humano que incluye lo religioso, responda a la interacción de múltiples factores donde el limite y marco fundamental es la biología humana. Y las características propias de cada cultura, esos elementos que la diferencian a una de otra, sean estrictamente simbólicos.

Vemos en los ritos, en los textos, en el arte sacro, la conformación simbólica y compleja que no responde estrictamente a la necesidad exclusiva de tal o cual practica de supervivencia económica, es decir, en todas las culturas tradicionales hay rituales de fertilidad, cosecha o funerarios, pero los elementos particulares obedecen a la producción simbólica particular de cada tradición. Esto es lo que permitió la diversidad totémica y las diferencias existentes entre cada religión, aunque Josep Cambel tenga razón al enunciar que al final del recorrido los mitos son los mismos y Jung también haya acertado que en la base de toda religión están los Arquetipos. .

HUME

Hume, pensamiento filosofico, politico y economico

Aunque Hume escribió sus obras en el siglo XVIII, su trabajo sigue siendo relevante en las disputas filosóficas de la actualidad, lo que contrasta con las aportaciones de muchos de sus contemporáneos. A continuación se ofrece un sumario de sus trabajos filosóficos más influyentes:


Ideas e impresiones
Hume cree que todo el conocimiento humano proviene de los sentidos. Nuestras percepciones, como él las llamaba, pueden dividirse en dos categorías: ideas e impresiones. Así define estos términos en Investigación sobre el entendimiento humano: «Con el término impresión me refiero a nuestras más vívidas impresiones, cuando oímos, o vemos, o sentimos, o amamos, u odiamos, o deseamos. Y las impresiones se distinguen de las ideas, que son impresiones menos vívidas de las que somos conscientes cuando reflexionamos sobre alguna de las sensaciones anteriormente mencionadas». Más adelante precisa el concepto de las ideas, al decir «Una proposición que no parece admitir muchas disputas es que todas nuestras ideas no son nada excepto copias de nuestras impresiones, o, en otras palabras, que nos resulta imposible pensar en nada que no hayamos sentido con anterioridad, mediante nuestros sentidos externos o internos». Esto constituye un aspecto importante del escepticismo de Hume, en cuanto equivale a decir que no podemos tener la certeza de que una cosa, como Dios, el alma o el yo, exista a menos que podamos señalar la impresión de la cual,esa idea, se deriva.

El problema de la causalidad
Cuando un acontecimiento continuamente sucede tras otro, la mayoría de la gente piensa que una conexión entre ambos acontecimientos hace que el segundo suceda al primero (post hoc ergo propter hoc). Hume desafió a esta creencia en su primer libro Tratado de la naturaleza humana y más tarde en su Investigación sobre el entendimiento humano. Se dio cuenta de que aunque percibimos que un elemento suceda al otro, no percibimos ninguna condición necesaria y suficiente entre los dos. Y, de acuerdo con su epistemologia escéptica, sólo podemos confiar en el conocimiento que adquirimos a través de nuestras percepciones. Hume declaró que nuestra idea de causalidad consiste en poco más que la esperanza de que ciertos acontecimientos se den tras otros que los preceden.«No tenemos otra noción de causa y efecto, excepto que ciertos objetos siempre han coincidido, y que en sus apariciones pasadas se han mostrado inseparables. No podemos penetrar en la razón de la conjunción. Sólo observamos la cosa en sí misma, y siempre se da que la constante conjunción de los objetos adquiere la unión en la imaginación»(Hume, 1740: 93). En realidad no podemos decir que un acontecimiento causó al otro. Todo lo que sabemos es con seguridad que un acontecimiento está correlacionado con el otro. Para describir esto, acuñó el término conjunción constante. Que consiste en que cuando vemos cómo un acontecimiento siempre causa otro lo que en realidad estamos viendo es que un acontecimiento ha estado siempre en conjunción constante con el otro. En consecuencia, no tenemos ninguna razón para creer que el primero causó al segundo, o que continuarán apareciendo siempre en conjunción constante en el futuro (Popkin y Stroll, 1993: 268). La razón por la que presentamos este comportamiento no es que la causa-efecto sea el comportamiento de la naturaleza, sino los hábitos de la psicología humana (Popkin y Stroll, 1993: 272).

Esta concepción le quita toda la fuerza a la causación, y otros humeanos posteriores, como Bertrand Russell han deshechado la misma noción de causación aduciendo que es un tipo de superstición. Pero esto desafía al sentido común, creando el problema de la causación – ¿Qué justifica nuestra confianza en la existencia de una conexión causal y de qué clase de conexión podemos saber? – un problema para el que no se ha encontrado solución. Hume sostuvo que tanto nosotros como otros animales tenemos una tendencia instintiva a creer en la causación debido al desarrollo de hábitos de nuestro sistema nervioso, una creencia que no podemos eliminar, pero que no podemos probar mediante ningún argumento, deductivo o inductivo.


El problema de la inducción
En Investigación sobre el entendimiento humano (EHU), §4.1.20-27, §4.2.28-33.,[2] Hume articuló su tesis de que todo el razonamiento humano pertenece a dos clases, Relaciones de ideas y Hechos. Mientras que las primeras involucran conceptos abstractos como las matemáticas y están gobernadas por las certezas deductivas, los segundos comportan la experiencia empírica donde todos los razonamientos son inductivos. Dado que de acuerdo con Hume no podemos conocer nada de la naturaleza con anterioridad a la experimentación, incluso un hombre racional sin experiencia «no podría haber inferido de la transparencia y la fluidez del agua que sofocaría su sed, o a partir de la luz y el calor del fuego que le consumiría»(EHU, 4.1.6) Así que todo lo que podemos decir, pensar o predecir de la naturaleza debe venir de la experiencia previa, lo que lleva a la necesidad de la inducción.

La inferencia inductiva presupone que se puede confiar en los actos pasados como regla a partir de la que se puede predecir el futuro. Por ejemplo, si en el pasado ha llovido el 60% del tiempo cuando se dan unas condiciones atmosféricas determinadas, entonces en el futuro probablemente lloverá un 60% del tiempo si se dan las mismas condiciones. Pero aún queda el problema de cómo justificar tal inferencia, conocida como el principio de inducción. Hume sugirió dos posibles justificaciones, que sin embargo rechazó:

La primera justificación descansa en la suposición, tomada como una necesidad lógica, de que el futuro debe de parecerse al pasado. Pero Hume puntualiza que podemos concebir un mundo caótico y errante en el que el futuro no tiene nada que ver con el pasado – o un mundo como el nuestro hasta el presente, que llegado a un punto cambia totalmente. Así que nada hace que el principio de inducción sea una necesidad lógica.
La segunda justificación, más modesta, apela a los éxitos anteriores de la inducción – en el pasado ha funcionado en la mayoría de las ocasiones, así que probablemente seguirá haciéndolo en el futuro. Pero, como Hume comenta, esta justificación hace uso del razonamiento circular en un intento de justificar la inducción mediante la reiteración, lo que nos devuelve al punto de partida.
El notable filósofo del siglo XX Bertrand Russell, confirmó y elaboró el análisis de Hume del problema en su trabajo Los problemas de la filosofía, capítulo 6.[3]

A pesar de la crítica de Hume a la inducción, sostuvo que era superior a la deducción en el reino del pensamiento empírico. Tal y como declara: «esta operación de la mente, por la que podemos inferir los efectos de las causas y viceversa, es esencial para la subsistencia de todas las criaturas humanas, es probable que pueda confiarse más en ella que en las falacias de la deducción de nuestra razón, que es lenta en sus operaciones; no aparece en los primeros años de la infancia; y como mucho es, en cualquier edad y periodo de la vida humana, extremadamente proclive al error».(EHU, 5.2.22)

La teoría del yo
Tendemos a pensar que somos la misma persona que hace cinco años, aunque hemos cambiado en muchos aspectos. Podríamos empezar a pensar qué características han cambiado sin que cambie el yo. Hume, sin embargo, niega que haya una distinción entre las diferentes características de una persona y el misterioso yo que supuestamente las lleva puestas. Después de todo, como puntualizó Hume, cuando se experimenta con la introspección, se descubren pensamientos, sentimientos y percepciones, pero nunca se percibe ninguna sustancia que se pueda llamar “el yo”. Así que Hume llega a la conclusión de que no hay nada que se pueda llamar yo, aparte de una gran y efímera colección de percepciones.

Si las ideas estuvieran sueltas e inconexas sólo el azar podría unirlas, y es imposible que las mismas ideas formaran regularmente otras más complejas (cosa que hacen habitualmente) sin una cierta unión entre ellas, alguna cualidad asociativa por la cual una idea introduce naturalmente otra. [...] Está claro que en el transcurso del pensamiento y en la constante revolución de nuestras ideas, nuestra imaginación salta fácilmente de una idea a otra que se le parece, y que esta sola cualidad es un enlace suficiente para la imaginación. Resulta también evidente que los sentidos, al cambiar sus objetos, necesitan cambiarlos regularmente, y tomarlos como si estuvieran contiguos unos a los otros, la imaginación debe de acostumbrarse a adquirir el mismo método de pensamiento, y saltar por las partes del espacio y el tiempo al concebirlas como sus objetos.[4]
Según Hume, tales percepciones no pertenecen a nada. En lugar de eso, Hume compara el alma con una mancomunidad, que retiene su identidad no a causa de alguna única substancia, sino por estar compuesta de muchos elementos diferentes, relacionados y en constante cambio. La cuestión de la identidad personal pasa a ser una cuestión de caracterizar la cohesión de la experiencia personal de cada uno. En el apéndice del Tratado, Hume sin embargo dijo que no estaba satisfecho con esta explicación del yo, pero nunca volvería a tratar el asunto.

Razón práctica: instrumentalismo y nihilismo
La mayoría de las personas consideran algunas conductas más razonables que otras. Por ejemplo, comer papel de aluminio parece irracional. Pero Hume negó que la razón tuviera un papel importante cara a motivar o desalentar la conducta. Según él, la razón no es más que una calculadora de conceptos y experiencia. Lo que en definitiva importa es como nos sentimos respecto a la conducta. Su trabajo se asocia con la doctrina del instrumentalismo, que dice que una acción es razonable si y sólo sí sirve para alcanzar las propios deseos, sean los que sean. La razón puede participar solamente informando acerca de las acciones que serán más útiles para alcanzar las metas y deseos, pero nunca dirá qué metas y deseos se deben de tener. Así que si alguien quiere ingerir papel de aluminio la razón dirá dónde encontrarlo, y no hay nada irracional en el hecho de comerlo o en querer hacerlo (a menos que se tenga un deseo más fuerte de conservar la salud). Hoy en día, sin embargo, se aduce que Hume fue un paso más allá adentrándose en el nihilismo, pues dijo que no había nada irracional en frustrar los propios deseos y metas. Tal conducta sería anormal, pero no sería contraria a la razón.

Ética
Hume trató la ética por primera vez en Tratado de la naturaleza humana. Más tarde extrajo y extrapoló las ideas allí propuestas en un ensayo más corto titulado Investigación sobre los principios de la moral. La aproximación de Hume a los problemas morales es fundamentalmente empírica. En lugar de decir cómo debería de operar la moral, expone cómo realizamos los juicios morales. Tras proporcionar varios ejemplos llega a la conclusión de que la mayoría (si no todas) de las conductas que aprobamos lo hacemos para incrementar la utilidad pública. Sin embargo, al contrario que el también empirista Thomas Hobbes, Hume declara que no sólo realizamos juicios morales teniendo en cuenta nuestro propio interés, sino también el de nuestros conciudadanos. Hume defiende esta teoría de la moral al asegurar que nunca podemos realizar juicios morales basándonos únicamente en la razón. Nuestra razón trata con hechos y extrae conclusiones a partir de ellos, pero no nos puede llevar a elegir una opción sobre otra; sólo los sentimientos pueden hacerlo. Este argumento contra la moral fundamentada en la razón forma parte hoy en día de los argumentos antirrealistas.

Por tanto, Hume niega la existencia de una "razón práctica" y la posibilidad de una fundamentación racional de la ética. El objeto de la moral (pasiones, voliciones y acciones) no es susceptible de ese acuerdo o desacuerdo entre las ideas sobre las que se basan lo verdadero y lo falso. Si la razón no puede ser la fuente del juicio de valor, habrá que buscarlo en el sentimiento, que surge espontáneo en nosotros ante acciones susceptibles de lo que consideramos valoración moral. El análisis de este sentimiento revela que es una forma de placer o de "gusto". Ello le lleva a excluir de la moral todo rastro de austero moralismo o de mortificación del alma o del cuerpo, porque el fin de la moral es la felicidad y el gozo de vivir del mayor número de hombres posible.

Igualmente duro se muestra Hume ante el problema religioso. Menoscaba la pretensión de las pruebas de la existencia de Dios, y niega su existencia apelando al problema del mal en el mundo. La religión tiene su origen en el sentimiento de miedo de la gente y en la ignorancia de las causas de los eventos terribles de la naturaleza. En su libro Historia natural de la religión, defiende una evolución a partir del politeísmo, hasta llegar a la idea abstracta de la divinidad propia de las religiones monoteístas.
Determinismo y libre albedrío
Muchos han advertido el conflicto aparente entre el libre albedrío y el determinismo – si las acciones que se realizan estaban predeterminadas desde hace miles de millones de años, entonces ¿Cómo es que podemos decidir? Pero Hume advirtió otro conflicto, al ver el problema desde la perspectiva contraria: el libre albedrío es incompatible con el indeterminismo. Si las acciones realizadas no están determinadas por los acontecimientos anteriores entonces las acciones son completamente aleatorias. Además, y de más importancia para la filosofía humana, no están determinadas por el carácter o la personalidad – los deseos, las preferencias, los valores, etc. Pero, ¿Cómo podría ser alguien responsable de una acción que no es consecuencia de su carácter, sino que ocurre de forma aleatoria? El libre albedrío parece necesitar del determinismo, porque de lo contrario el agente y la acción no estarían conectados. Así que, mientras que el libre albedrío parece contradecir al determinismo, al mismo tiempo necesita del determinismo. La concepción de Hume de la conducta humana tiene causas, y por lo tanto al hacer a las personas responsables por sus acciones se debería intentar recompensarlas o castigarlas de tal forma que intentaran hacer lo que es moralmente deseable e intentaran evitar hacer lo que es moralmente indeseable.

El problema del ser y el deber ser
Hume se percató de que muchos escritores hablaban sobre lo que debería ser partiendo de la base de lo que es; pero hay una gran diferencia entre las proposiciones descriptivas (lo que es) y las prescriptivas (lo que debe ser) (ver libro III, parte I, sección I del Tratado de la naturaleza humana). Hume pide a los escritores que se pongan en guardia ante estos cambios sin aportar explicaciones acerca de como se supone que las proposiciones prescriptivas deben de seguirse de las declarativas. La cuestión de ¿con qué exactitud se puede derivar el 'deber' del 'ser'? ha llegado a ser una de las cuestiones centrales de la teoría ética, y a Hume se le adjudica normalmente la opinión de que tal derivación es imposible (otros interpretan que Hume no dijo que una aserción fáctica no puede devenir en una aserción ética, sino que no podía hacerse sin prestar atención a los sentimientos humanos). Hume es probablemente uno de los primeros escritores que realizó una distinción entre lo normativo (lo que debería ser) y lo positivo (lo que es). G. E. Moore defendió una posición similar con su argumento de la pregunta abierta, en un intento de refutar cualquier identificación entre las propiedades morales y las naturales—la llamada falacia naturalista.

Utilitarismo
Hume, junto con los demás miembros de la ilustración escocesa, fue probablemente el primero en proponer que la razón de los principios morales puede buscarse en la utilidad que tratan de promover. El papel de Hume, sin embargo, no debe de sobreestimarse; fue Francis Hutcheson el que acuñó el lema del utilitarismo: «la mayor felicidad para el mayor número». Pero fue tras leer el Tratado de Hume cuando Jeremy Bentham sintió por primera vez la fuerza del sistema utilitario. Sin embargo, el proto-utilitarmismo de Hume es peculiar. No cree que la adición de unidades de utilidad proporcione la forma de llegar a la verdad moral. Al contrario, Hume era un sentimentalista moral y, como tal, pensaba que los principios morales no podían justificarse intelectualmente.

Algunos principios simplemente nos parecen mejores que otros; y la razón de por qué los principios utilitarios nos parecen mejores es porque favorecen nuestros intereses y los de nuestros coetáneos, con los que simpatizamos. Los seres humanos están fuertemente predispuestos a aprobar normas que promuevan la utilidad pública de la sociedad. Hume usó esta idea para explicar cómo evaluamos un amplio abanico de fenómenos, desde las instituciones sociales y políticas gubernamentales a los rasgos de la personalidad.

El problema de los milagros
Para Hume, el único apoyo de la religión más allá del estricto fideísmo son milagros, pero añadió que no eran gran cosa. Dio muchos argumentos, todos a partir de su concepción de milagro: una violación de las leyes de la naturaleza. Su definición exacta de milagro se puede encontrar en su Investigación sobre el entendimiento humano, donde dice que los milagros son violaciones de las leyes naturales y por tanto son muy improbables. Se ha criticado esta idea mediante el contraargumento de que tal dictado asume el carácter de los milagros y las leyes de la naturaleza antes de examinar los milagros, lo que es una sutil forma de dar por sentada la conclusión. También puntualizaron que este razonamiento apela a la inferencia inductiva, problemática en la filosofía humana, pues nadie ha observado todos los acontecimientos de la naturaleza ni examinado todos los posibles milagros (por ejemplo, los que no han sucedido todavía). Otra oposición a este argumento parte de que el testimonio humano nunca puede ser suficientemente digno de confianza para contradecir la evidencia de las leyes de la naturaleza. Este punto de vista se ha aplicado a la cuestión de la resurrección de Jesús, respecto a la que Hume no dudó en preguntar, ¿Qué es más probable – que un hombre ascienda de entre los muertos o que el testimonio esté, de alguna forma, errado?. Esta pregunta es similar a la navaja de Occam. Este argumento es la espina dorsal del movimiento escéptico y todavía constituye un problema para los historiadores de la religión.

El argumento del diseñador
Uno de los argumentos más antiguos y utilizados para demostrar la existencia de Dios es el argumento teleológico – que todo el orden y el propósito es un indicio de su origen divino. Hume hizo la crítica clásica a este argumento en Diálogos sobre religión y en Investigación sobre el entendimiento humano y, aunque el asunto está lejos de estar resuelto, muchos creen que Hume refutó el argumento con éxito. Su argumentación se sostiene en que:

Para que el argumento sea cierto, debe de ser verdadero que el orden y el propósito se observen cuando resulten de un diseño. Pero se puede observar el orden con frecuencia en procesos carentes de planificación como la cristalización. El diseño sólo es causante de una minúscula parte de nuestra experiencia. Además, el argumento del diseñador se basa en una analogía incompleta: dada nuestra experiencia con los objetos, podemos reconocer los diseñados por el hombre, comparando por ejemplo un montón de piedra con una pared. Pero para reconocer un universo diseñado necesitamos conocer una variedad de universos diferentes. Como sólo podemos conocer uno, la analogía no puede aplicarse.

Incluso si el argumento fuera perfectamente válido, no podría establecer un teísmo robusto; pues se puede llegar fácilmente a la conclusión de que la configuración del universo es el resultado de un agente o agentes no inteligentes cuyos métodos sólo tienen una remota similitud con el diseño humano.

Si un mundo natural ordenado necesita de un diseñador, entonces la mente de Dios (que es ordenada) también necesita un diseñador. Entonces, este diseñador necesita de otro diseñador, y así ad infinitum. Se podría responder apelando a una inexplicablemente mente divina auto-ordenada; pero entonces ¿por qué no contentarse con un inexplicablemente auto-ordenado mundo?

A menudo, cuando se trata del propósito, cuando parece que el objeto X tiene la característica C para poder lograr la recompensa O, se puede explicar mejor mediante un filtrado: es decir, el objeto X no existiría si no tuviese la característica C, y la recompensa O sólo es una proyección de las metas humanas en la naturaleza. Esta explicación de la teleología anticipó la idea de selección natural.

Pensamiento político
Según David Hume "toda ciencia social debe comenzar por la ciencia del hombre" Es decir, a la hora de adoptar un sistema social y político se debe tener en cuenta a la naturaleza humana. Por eso los sistemas totalitarios fracasan más tarde o temprano, pudiendo mantener cierta vigencia a través de la represión. Además según Hume "la naturaleza humana es única e inmutable" por lo tanto la idea de que la naturaleza humana es maleable y a través de la acción (o mejor dicho coerción) estatal se puede crear un hombre nuevo, es un absurdo.

Pongamos ejemplos prácticos: no se le puede pedir a hombre que renuncie a su libertad y a ser dueño de su destino (por supuesto en la medida de sus posibilidades)
No se le puede pedir al hombre que renuncie a la propiedad por el adquirida de modo legítimo.

No se puede pedir al hombre que de todo de si, sin ningún tipo de incentivos. Todo ello es contrario a la naturaleza del hombre, el fracaso es inevitable.
Otro aporte de Hume es la teoría del estado.

Hume era un liberal clásico como Locke, pero justificaba la existencia del estado con otros argumentos. Locke era contractualista, según el estado surge de un "contrato social" luego de ver los hombres el inconveniente que implicaba vivir en un estado de naturaleza. Para Hume esto es una ficción, un mero postulado que se da por cierto. Hume justifica la existencia del estado en la "convención" la convención es distinta al contrato. Consistiría en el actuar conjunto de los hombres en un mismo sentido, con el fin de obtener una utilidad que se da por sabida, sin mediar palabra de por medio. Ejemplo: personas luego de naufragar en un barco y ya en el bote salvavidas, empiezan a remar a la costa para salvar sus vidas, sin que haya mediado palabra o contrato de por medio.

En este mismo sentido, la obediencia al estado surge de utilidad que reporta para la protección de la propiedad y la consecuente administración de la justicia. Por lo tanto según Hume, cesa el deber de obediencia cuando el estado no cumple dichas funciones. Es decir que no es necesario llegar a una situación de despotismo para que cese el deber de obediencia, la sola inoperancia es justificativo suficiente. Creo que la Argentina hemos superado ese punto, no solo el estado no protege la propiedad sino que además la viola, no solo no da justicia, sino que utiliza al poder judicial para hacer persecución ideológica..

Pensamiento Económico.
En el transcurso de sus argumentaciones políticas, Hume desarrolló muchas ideas que gozan de prevalencia en la economía, principalmente acerca de la propiedad intelectual, la inflación y el comercio exterior.

La concepción humana de la propiedad privada es que la propiedad privada no es un derecho natural, pero se justifica porque es un bien limitado. Si todos los bienes fueran ilimitados y estuvieran disponibles, entonces la propiedad privada no tendría sentido. Hume creía en la distribución desigual de la propiedad, dado que la igualdad perfecta destruiría las ideas de industria y el ahorro, lo que llevaría al empobrecimiento.

Hume se cuenta entre los primeros que desarrollaron un flujo precio-especie automático, una idea que contrasta con el sistema mercantil. Expuesto en una forma simplificada, cuando un país incrementa sus flujos entrantes de oro, esto resulta en una inflación de precios, que dejará sin comerciar a países que lo habrían hecho de no haber dicha inflación. Esto redunda en un decremento del flujo entrante de oro a largo plazo.

Hume también propuso una teoría de la inflación beneficiosa. Creía que incrementar el suministro de dinero avivaría la producción a corto plazo. Este fenómeno estaría ocasionado por un margen entre el incremento del suministro de dinero y los precios. El resultado es que los precios no se elevarían a corto plazo y puede que no lo hicieran nunca. Esta teoría se desarrolló más tarde por John Maynard Keynes.

Tanto los fisiócratas como Hume estaban adheridos al individualismo y al liberalismo económico aunque las filosofías en que basaban su respectiva adhesión a estos principios eran completamente diferentes.

Los fisiócratas postulaban un orden del mundo providencial, armonioso, inmutable y beneficioso. Para Hume todo esto eran cosas que estaban más allá del conocimiento humano y su punto de partida, a diferencia del de los fisiócratas, era más bien la naturaleza del hombre que la naturaleza de mundo. Hay también una profunda diferencia entre los métodos de Hume y los de los fisiócratas. Los fisiócratas eran racionalistas que querían encontrar verdades evidentes, más a la luz de la razón, que con la ayuda de la experiencia. Hume, por el contrario, era un empírico que practicaba el método de la observación. Era consciente de que las oportunidades para realizar experimentos genuinos eran muy limitadas dentro del ámbito de las ciencias sociales y confió por esto en la introspección y en las lecciones de la historia.

La investigación histórica podía poner de manifiesto ciertas regularidades en las que basar una ciencia de la política y de la economía. Sus hallazgos, que reflejan la variedad de las experiencias humanas, tenían por ello mucho más el carácter de tanteos que de verdades pretendidamente inmutables, como las que los fisiócratas aseguraban poseer. El método científico moderno, que considera que la verdad científica es más bien un proceso que un dogma inmutable, tiene en Hume su precursor. Hume fue también el primero que hizo una aguda distinción entre lo que es y lo que debería ser, es decir, entre las afirmaciones positivas y las normativas, distinción ésta que había de llegar a ser algo fundamental en las modernas ciencias sociales.

Tanto los fisiócratas como Hume eran utilitarios, es decir, igualaban lo útil a lo bueno. Para Quesnay, la ley moral exige la adhesión a un orden natural que, «"forma evidente, es el más ventajoso para la humanidad". La justicia de este orden procede de su utilidad, y sus atributos inmutables son los derechos naturales a la libertad individual y a la propiedad privada. Hume, por el contrario, no creía en los derechos naturales y, en lugar del utilitarismo dogmático de los fisiócratas, era partidario de un utilitarismo empírico.

La propiedad privada merece ser apoyada porque es socialmente útil bajo las condiciones existentes, es decir, cuando los bienes son escasos y los hombres ponen sus propios intereses por encima de los intereses de los demás. Si estas circunstancias fueran diferentes, por ejemplo, si se pudiera disponer libremente de todas las cosas en cantidades ilimitadas o si todos los hombres se preocuparan por los demás tanto como por sí mismos, la utilidad social, y con ella la justificación de la propiedad privada, desaparecerían y ésta se convertiría en un «vano ceremonial».

Al igual que los fisiócratas, Hume apoya también la distribución desigual de la propiedad, aunque lo hace en el curso de una prolongada discusión en la que la utilidad es utilizada, una vez más, como criterio preponderante. La igualdad perfecta puede parecer algo "muy útil", ya que, cuando nos apartamos de ella, "quitamos al pobre más satisfacción de la que le damos al rico" Sin embargo, el coste social de la igualdad perfecta sería prohibitivo, ya que ello destruiría la laboriosidad y el ahorro y conduciría, por tanto, a un empobrecimiento general. Las consecuencias de la igualdad perfecta serían desastrosas, ya que de ello se seguiría la tiranía o la anarquía: la tiranía si el gobierno hubiera de mantenerla y la anarquía si la nivelación de la propiedad hubiera de demoler la base del poder político. Estos pensamientos van unidos, sin embargo, con un ruego a favor de la difusión de la riqueza. Cada persona debería disfrutar, si ello fuera posible, de los frutos de su propio trabajo. Tal igualdad «es más conveniente a la naturaleza humana y proporcionará mayor fuerza al estado, al permitir una amplia dispersión de la carga tributaria.

Hume se interesó sobre las motivaciones psicológicas de las actividades económicas. Sin ser un hedonista que lo explicara todo en función del deseo de placer, describe a los hombres como seres que buscan una mezcla, proporcionada y personal, de acción, placer y ociosidad. Los frutos de su trabajo satisfacen su deseo de placer pero el trabajo en si mismo va también al encuentro de su deseo de acción. A diferencia de los escritores clásicos posteriores, Hume no define al trabajo como algo esencialmente doloroso e incómodo, sino que encuentra en él elementos de diversión y de espíritu deportivo. Como él mismo dice: «No hay en la mente humana ningún anhelo o deseo más constante e invariable que el de ejercicio u ocupación y es este deseo, según parece, la base de la mayoría de nuestras pasiones y proyectos». En otro momento afirma: «Todo se compra en el mundo mediante el trabajo y son nuestras pasiones las únicas causas de éste».

La historia es, junto a la psicología, la estrella que guía las investigaciones económicas de Hume. La historia está repleta de infinitas variedades de la experiencia humana pero contiene también elementos de constancia y regularidad. Las sociedades económicas surgen como resultado de un proceso de evolución, que les da unas características únicas, junto a otras que son comunes a todas las sociedades.

El pensamiento económico de Hume, al tener sus raíces en la historia, es esencialmente dinámico y hay cierta afinidad entre su economía política y la importancia que se da hoy en día al desarrollo y al crecimiento económico. La historia es cambio y la observación de éste puede abrir perspectivas que estarían cerradas a el que observara sólo unas condiciones estáticas. No es, según esto, sorprendente que fuera un escritor de mente histórica como Hume uno de los primeros en desarrollar una forma convincente de la teoría de la circulación automática de efectivo. Si el país A gana dinero en efectivo como consecuencia de una balanza comercial favorable, su nivel de precios se elevará, mientras en el país B, que ha perdido numerario debido a su balanza comercial desfavorable, ocurrirá exactamente lo contrario. En A, los precios son ahora demasiado altos para permitir que el país mantenga inalteradas sus exportaciones. El alto nivel de precios de A atraerá las importaciones, al mismo tiempo que reducirá las exportaciones. En B ocurrirá lo contrario y habrá una inversión del movimiento de metal que volverá nuevamente a B.

Hume, a diferencia de los mercantilistas, no consideraba que el comercio exterior fuera una invención estratégica para producir dinero; tampoco estaba de acuerdo con los fisiócratas en qué dicho comercio fuera un mal necesario. En su lugar, resaltó el papel representado por el comercio exterior como promotor del desarrollo económico de un país. Observando más los procesos evolutivos que los equilibrios momentáneos, pone de manifiesto la función educativa del comercio extranjero, que hace que los hombres conozcan «los placeres del lujo y las ganancias del comercio», llevándolos a «posteriores mejoras de todas las ramas del comercio, tanto exterior como interior». Ésta es quizá la principal ventaja del comercio exterior. Saca a los hombres de su indolencia y, al presentarles a esa parte más alegre y opulenta de la población que posee objetos de lujo, en los que ellos no habían podido ni soñar, hace surgir el deseo de una forma de vida más espléndida de la que disfrutaron sus antepasados. Al mismo tiempo, los pocos mercaderes que poseen el secreto de esta exportación e importación obtienen enormes ganancias y rivalizan en riqueza con la antigua nobleza, emprendiendo otras aventuras para convertirse en sus rivales en el comercio. La limitación difunde pronto todo ello; las manufacturas del país emulan a las extranjeras en sus perfeccionamientos y todas las mercancías se realizan con la máxima perfección, dentro de lo posible.

Una vez que el comercio exterior haya cumplido su función educadora, se liberarán los recursos a él dedicados, desviándolos hacia la producción de mercancías para uso interior. Como indican todas estas observaciones, el análisis que hace Hume de la importancia del comercio exterior para el desarrollo económico asigna un peso considerable a factores del tipo del efecto demostración a la aparición de la clase media y a la consiguiente reducción del comercio exterior respecto al sector interior de la economía. El cuadro que Hume nos pinta no es, en forma alguna, irreal, sino que puede contemplarse en la historia de muchos países subdesarrollados.

A diferencia de los mercantilistas, Hume no considera que el volumen comercial sea algo fijo. Para él, el comercio exterior no es tampoco una especie de guerra económica en la que sólo puede conseguirse la expansión de las exportaciones de un país a costa de la disminución de las exportaciones de otro. En vez de considerar que la ganancia de un país lleva consigo necesariamente el empobrecimiento de sus vecinos, sostiene el criterio contrario. Ni los individuos ni las naciones tienen por qué temer la prosperidad de sus vecinos, pues el pertenecer a una comunidad próspera no puede por menos de redundar en beneficio de todos.

Las riquezas de los distintos miembros de la comunidad contribuyen a incrementar mis propias riquezas, sea cual fuere la profesión que yo ejerza. Ellos consumen los productos de mi trabajo permitiendo con ello que yo, a mi vez, pueda consumir sus productos como pago. Ningún estado debe tampoco mirar con recelo el que sus vecinos mejoren los oficios y manufacturas, ni temer que estos perfeccionamientos lleguen a un grado en que cese la demanda de sus propios productos.

Con tal que un país se mantenga «laborioso y civilizado», dicha contingencia estará descartada debido a la diversidad de las fuentes de riqueza mundiales. Cuanto más rápido sea el crecimiento económico de un país, mayor será su demanda de productos de sus vecinos. Concluye Hume sus observaciones con estas famosas palabras: «Yo me aventuro a poner en conocimiento de todos que, no sólo como hombre, sino también como súbdito inglés, hago votos por el florecimiento del comercio de Alemania, España, Italia e incluso por el de la misma Francia».

Bajo este punto de vista optimista y cosmopolita, los intereses económicos de los diferentes países son tan compatibles entre si como los intereses económicos de los individuos. La caída de la demanda extranjera de un determinado producto no tiene por qué ser algo fatal; si los recursos de un país son versátiles y si dicho país es eficaz y emprendedor, desviará «fácilmente» sus recursos hacia la producción de otros bienes que el comercio exterior pueda absorber con mayor facilidad. Por muy armonioso que pueda ser este criterio sobre el orden económico internacional, el realismo de Hume le impide cerrar los ojos completamente a la posibilidad de conflictos económicos producidos por incompatibilidades en los intereses económicos nacionales.

En el largo acontecer de la historia, «una feliz concurrencia de causas» hace que sea muy poco probable el que una nación que mantiene una posición comercial preponderante pueda conservar para siempre dicha posición privilegiada. Para demostrarlo, Hume establece lo que podríamos llamar una ley de la migración de la oportunidad económica, según la cual el desarrollo de un país se detiene o modera al mismo tiempo que se abren oportunidades para el desarrollo de otros. Una vez que un país se ha hecho comercialmente próspero, su nivel de precios será desfavorable si se le compara con «el bajo precio del trabajo en otros países que no tienen un comercio de tal volumen y en los que no abunda tanto el oro y la plata». Esta disparidad hace posible una difusión de las oportunidades económicas, y es causa quizá de paralización en un país y de expansión en el otro. Como dice el mismo Hume, las manufacturas «se van desplazando gradualmente, abandonando aquellos países a los que ya han enriquecido y volando hacia otros, a los que son atraídos por los bajos precios de las provisiones y del trabajo; cuando hayan también enriquecido a estos países, serán deportados de nuevo y por las mismas causas».

La teoría de Hume sobre el desplazamiento del centro del poder económico regional y global redondea sus contribuciones a la economía política internacional. Está atestiguada por la experiencia histórica, de Inglaterra y de la Nueva Inglaterra o por los movimientos de la industria nacional o internacional como, por ejemplo, en el caso de la industria textil. La teoría de Hume sobre el crecimiento y la decadencia relativa de las economías regionales y nacionales puede completarse mediante su punto de vista acerca de la importancia del efecto demostración en el plano internacional, o sea, la influencia de unas culturas sobre otras. En un círculo contínuo de crecimiento y decadencia surge, sobre los hombros de un pionero, un innovador que, según la posterior interpretación de Veblen, hace que el pionero pague «el castigo por haber sido arrojado a la primera fila, mostrando así el camino». El análisis de Veblen sobre este asunto es mucho más elaborado e incluye consideraciones a otros factores distintos a las diferencias de los precios internacionales. Sin embargo, incluso estos otros factores pueden reducirse a la postre a diferencias en costes y precios. La forma en que Veblen aborda el tema es también, como la de Hume, dinámica y demuestra la afinidad existente entre ambos pensadores, tanto en cuanto al tema escogido, como al método utilizado para su tratamiento.

Entre las aportaciones de Hume a la economía interior, está su teoría del interés, su discusión sobre los empréstitos y su famosa teoría de la inflación beneficiosa. Si nos limitáramos a exponer los resultados finales de su pensamiento, no le haríamos plena justicia, ya que Hume no da respuestas terminantes a los problemas, sino que desarrolla unos argumentos ricos en implicaciones históricas, en los que el tema estudiado aparece más como una categoría histórica que como una entidad abstracta, no enclavada en un determinado tiempo y lugar. Este relativismo hace que algunas de sus proposiciones parezcan ambivalentes o incluso inconscientes y ello sería quizás el principal obstáculo para cualquier intento que quisiera hacerse de sistematizar su pensamiento. Tal intento estaría en realidad fuera de lugar, porque Hume no pretendió construir un sistema abstracto de principios económicos; su economía es, por el contrario, como una ampliación y un ejemplo de sus ideas del hombre como ente social y una aplicación complementaria de su método empírico, basado en la psicología y en la historia.

La argumentación de Hume se presenta con frecuencia como si fuera una elaboración de la teoría cuantitativa del dinero; Hume se adhiere aparentemente a ello, pero la utiliza en realidad como pretexto para exponer sus ideas acerca de la importancia de las variaciones de las instituciones económicas. «La cantidad absoluta de metales preciosos -afirma-, es un asunto casi indiferente. Hay sólo dos circunstancias que tienen una cierta importancia y son su incremento gradual y su cabal difusión y circulación por todo el estado. » Es una falacia atribuir a los factores monetarios consecuencias que son realmente el resultado de «variaciones en las formas y costumbres de las gentes».

La teoría monetaria del interés mantenida por los mercantilistas, que dice que el tipo de interés es inversamente proporcional a la oferta de dinero, es un ejemplo de dicho tipo de falacia. En lugar de ello, el tipo de interés reflejará la oferta y la demanda de capital real, factores éstos, a su vez, que dependen de los «hábitos y formas de vida de la gente». Así, en una nación agrícola, el tipo de interés será alto debido a que la demanda -ociosa, y buscadora de placer- de préstamos de los señores, encontrará sólo una débil oferta. No hay una clase ahorradora o capitalista y no hay fondos acumulados para ser prestados, porque todo el dinero que entra « es disipado por los pródigos señores con tanta rapidez como lo reciben y la mísera clase campesina no tiene ni medios ni perspectivas ni ambición para obtener algo más que su simple manutención». El tipo de interés bajará conforme vaya avanzando el desarrollo económico, debido a que surgirá una nueva clase de comerciantes e industriales que adquirirá «pasión» por los beneficios y practicará la frugalidad, haciendo que «el amor por las ganancias prevalezca sobre el amor por el placer». Al irse acumulando capital, su «abundancia hará disminuir el precio del mismo» y descenderán tanto los beneficios, como el interés.

La relación entre el tipo de interés y el tanto por ciento de beneficio no es una relación causal en el sentido de que un bajo tipo de interés sea la causa de unos beneficios bajos o viceversa. Ambos reflejan el nivel de desarrollo económico y su relación es de mutua interdependencia, si bien ésta es más bien funcional que causal. Este aserto de Hume anuncia la mayor importancia que la ciencia económica iba a dar posteriormente a las relaciones funcionales, sobre las causales; esto había de verse en el siglo XIX en los escritos de Cournot pero no había de hacerse común hasta el siglo XX. Tanto en su Tratado como en sus ensayos, Hume presta atención a las dificultades que entraña la interpretación de una situación en la que «concurren una multitud de causas»; en el Tratado, va tan lejos como para afirmar que: «No hay en la filosofía nada más difícil que establecer cuál es la causa principal y predominante, cuando se presentan un cierto número de ellas como determinantes de un mismo fenómeno. Pocas veces, por no decir ninguna, encontraremos un argumento sólido en que basar nuestra elección». La teoría económica moderna, con su funcionalidad, bordea esta dificultad; los pensamientos de Hume sobre el interés y los beneficios muestran la forma de conseguirlo.

El ensayo de Hume sobre el interés indica la importancia que adjudica a la aparición de una clase comercial e industrial. Conforme la agricultura se vaya complementando con las actividades comerciales e industriales, el efecto demostración hará que los campesinos se vayan convirtiendo en ricos agricultores, al mismo tiempo que la difusión de la propiedad entre las clases comerciales otorgará «autoridad y consideración a estos hombres de rango medio que son la base mejor y más firme de la libertad general». Las clases de Hume son categorías económicas que se distinguen principalmente por las características psicológicas de sus miembros. Los señores, propietarios de tierras, son indolentes y buscadores de placer, los campesinos son ignorantes y carecen de ambición y, entre los comerciantes, «uno de los más útiles tipos humanos», hay una «mayor cantidad de avaros que de pródigos".

Las preferencias de Hume están indudablemente con la clase media, siempre que ésta sea una clase activa y no esté formada por rentistas. Ésta es una de las razones por las que condena con desacostumbrada acritud y firmeza la deuda pública, ya que ve que la mayor parte de ella está en manos de personas ociosas que llevan una vida inútil e inactiva. La práctica de contraer deudas invita al abuso y destacan tres formas posibles de muerte de las mismas: el repudio o «muerte natural» de la deuda, la «muerte violenta», cuando se atiende a la deuda a costa de descuidar funciones vitales del estado y la muerte a manos "del doctor", cuando se pretende atender a la deuda mediante la ayuda de una exacción de impuestos sobre el capital, con lo que se destruirá completamente lo que todavía quede del crédito público. El temor de que los efectos de esta destrucción dure para siempre es, sin embargo, un «espantajo innecesario» ya que «los hombres son generalmente tan incautos que, a pesar del violento golpe dado al crédito público (...) no pasará probablemente mucho tiempo sin que dicho crédito reviva en condiciones tan florecientes como antes (...). La humanidad se deja coger en todas las épocas en las mismas trampas y así puede engañársela una y otra vez, mediante las mismas tretas».

La teoría de la inflación beneficiosa de Hume arranca de un incremento de la cantidad de dinero, producido, por ejemplo, por una balanza comercial favorable. Según la teoría cuantitativa del dinero, el incremento de la oferta monetaria tenderá a producir una elevación de los precios; Hume introduce aquí, sin embargo, una idea nueva: el período de tiempo existente entre el incremento de la cantidad de dinero y el alza posterior del nivel de los precios. En el primer momento, los precios no se elevarán; después lo harán en forma vacilante y en diferentes sectores de la economía. Es en este intervalo de tiempo cuando tienen lugar los efectos beneficiosos de la elevación de la oferta monetaria; dicho beneficio consiste precisamente en la expansión de los ingresos y del empleo producidas por las sucesivas rondas de gastos adicionales. Los exportadores, a los que va a parar el nuevo dinero emplearán en primer lugar brazos extra procedentes de una oferta de trabajo que inicialmente es perfectamente elástica; los trabajadores tendrán más dinero para gastar y de aquí se seguirán una segunda y una tercera ronda de gastos de bienes de consumo, que van elevando sus precios de una forma gradual.

Hume se ocupa, por lo tanto, del tema que Keynes trata en su Tratado bajo el título de «la difusión de los niveles de precios» y al que también Cantillon dedica un cierto número de pasajes. La sorprendente conclusión de Hume de que el incremento de la oferta monetaria elevará la producción y no sólo los precios, se deduce con la ayuda de un análisis de la expansión que no difiere mucho del que ofrece la teoría del multiplicador. Había de pasar mucho tiempo, sin embargo, para que la idea de Hume encontrara una aceptación amplia. Malthus y Ricardo discutieron dicha idea y hablaron de un « efecto mágico sobre la industria», reconociendo que había sido Hume el primero que había hecho dicha observación. Pero, mientras Malthus estaba dispuesto a aceptar la idea, Ricardo se mostraba más dispuesto a criticarla y como la tradición ricardiana fue la predominante, ésta fue la actitud que prevaleció hasta que mucho tiempo después, y bajo la influencia de la Teoría general de Keynes, se extendieron unas ideas similares a las de Hume.

El corto análisis de Hume de los beneficiosos efectos de la elevación de la oferta monetaria fue observado por Keynes con aprobación. Debido precisamente a que Hume resalta en esto, más el camino hacia el equilibrio que la posición de equilibrio en sí misma, Keynes aplaudió lo que él consideraba como un rasgo mercantilista del pensamiento de Hume y le alabó por tener sólo «un pie y medio dentro del mundo clásico». La defensa que hace Hume de los comerciantes estaba también dentro de la tradición mercantilista pero su devastadora crítica de las teorías mercantilistas sobre el dinero, el interés y la balanza comercial hicieron mucho para acabar de desacreditar la posición de aquélla.

En cuanto a su relación con los fisiócratas, la filosofía básica de Hume y sus puntos de vista acerca del papel económico de la clase de los terratenientes, eran tan distintas de los expresados en los escritos de los fisiócratas, que no parece que las obras de Hume hicieran ningún impacto sobre las de éstos. Aunque los Discursos de Hume, publicados en 1752 y traducidos poco después al francés, son cronológicamente anteriores a los trabajos de los fisiócratas, Du Pon de Nemeurs, el primer historiador del pensamiento económico de éstos, no menciona a Hume entre los precursores de la nueva ciencia. Hume conocía personalmente a cierto número de fisiócratas y mantenía una cordial correspondencia con Turgot con el que tuvo un debate sobre las ventajas del impuesto único. Sin embargo, no ocultó la baja opinión que tenía de los fisiócratas y en una carta escrita en 1769 se refiere a ellos como al a grupo de hombres más quiméricos y arrogantes de cuantos ahora existen». Tenía en muy poco su metafísica, su racionalismo y su dogmatismo.

Hume fue íntimo amigo de Adam Smith y éste, también escocés, hizo de albacea literario de Hume, tras su muerte en 1776. Los dos mantuvieron una intensa correspondencia, pero ésta arroja poca luz en tomo a sus respectivas ideas sobre economía. Hume vivió lo bastante para felicitar a Smith por la publicación de La riqueza de las naciones, alabando su «profundidad, solidez y agudeza» pero encontrando defectos en el tratamiento que hace Smith de la renta. Anticipándose en cierta forma a la teoría de la renta de Ricardo, escribió: «No puedo pensar que la renta de las granjas agrícolas tenga nada que ver con el precio de los productos, sino más bien que el precio está determinado tanto por la cantidad como por la demanda».

En La riqueza de las naciones, Smith adopta algunos de los puntos de vista de Hume, pero no menciona, sin embargo, su teoría del movimiento automático de efectivo, omisión ésta que ha intrigado a muchos de los que han estudiado la historia del pensamiento económico. La filosofía utilitaria de Hume, su defensa del individualismo económico, su fe en la compatibilidad entre los intereses de los individuos y los de las naciones y su actitud crítica frente a las ideas mercantilistas y frente a las de los fisiócratas, fueron todas ellas compartidas por Smith. La principal diferencia existente entre ambos se encuentra en sus métodos respectivos. Hume había escogido el camino del empirismo, mientras en el pensamiento de Smith hay mucho de racionalismo abstracto y deductivo, si bien unido en cierta proporción a un empirismo casual. Aunque Smith utilizó las lecciones de la historia, lo hizo en forma más bien incidental y que no obstruyera su objetivo principal: la construcción de un gran sistema de pensamiento abstracto. Para la realización de este objetivo, el método dinámico de Hume no le hubiera servido. El historiador y el teórico siguen caminos distintos para llegar al conocimiento y el camino escogido por el historiador no conduce nunca a un sistema. Incluso aunque Hume no se hubiera visto desalentado a la realización de otros trabajos sistemáticos por la fría acogida que había recibido su Tratado, es dudoso que, siguiendo fiel a su método empírico hubiera podido construir una economía sistemática. Ningún economista que haya practicado el método empírico, ha construido nunca una economía sistemática. Algunos economistas históricos del siglo XIX, prometieron realizar una generalización inductiva del contenido de la ciencia económica basándose en estudios históricos, en cuanto pudieran conseguir que dichos estudios abarcasen las experiencias de toda la humanidad y en todo tiempo y lugar. Como puede comprenderse fácilmente, esta promesa no ha llegado nunca a realizarse plenamente. Como mucho, los economistas históricos han podido conseguir una dasificación de los sistemas, pero nunca un sistema propiamente dicho.

No deberíamos subrayar demasiado la afinidad del método dinámico de Hume, es decir, la importancia que da a los « cambios en las maneras y costumbres de los pueblos» con la forma en que abordaron el tema otras escuelas posteriores de economistas históricos. Hume, un gigante desde el punto de vista intelectual, no se limitó a ser un simple coleccionista de datos y probablemente no le hubiera gustado que se le relacionara con las menos preclaras mentes de la escuela histórica que, en algunos casos, practicaron un ciego empirismo desprovisto de toda adhesión a los grandes principios. Algunos eran estrechos nacionalistas y pocos de ellos hubieran compartido el individualismo, el utilitarismo y el cosmopolitismo de Hume. Entre los economistas institucionales, Veblen se acerca mucho a Hume en estatura intelectual, en las raíces de su pensamiento filosófico y en sus perspectivas escépticas que bordean casi el cinismo. Lo que dijo Veblen de Hume -«estaba dotado de un escepticismo atento, aunque en cierto modo histriónico (teatral), que impregnaba todo lo que admitía»- podría decirse también y con la misma justicia de Veblen.

Obras
Historia amable de mi vida (1734) Biblioteca Nacional de Escocia
Tratado sobre la naturaleza humana (1739–40)
Ensayos sobre moral y política (first ed. 1741–2) .
Cartas de un caballero a su amigo de Edimburgo: Edimburgo (1745).
Investigación sobre el entendimiento humano (1748).
Investigación sobre los principios de la moral (1751)
Discursos políticos Edimburgo (1752).
Incluido en Ensayos y Tratados de muchos asuntos (1753-6)
Cuatro disertaciones: Historia natural de la religión. De las pasiones. De la tragedia. Del criterio del gusto Londres (1757).
Historia de Inglaterra (1754–62)
Historia natural de la religión (1757)
Mi vida (1776)
Diálogos sobre la religión natural (1779)

Referencias
http://www.liberalesargentinos.com/
www.wikipedia.com

domingo, 11 de enero de 2009

EPISTEMOLOGIA, IDEOLOGIA, UTOPIA Y SOCIOLOGÍA DEL CONOCIMIENTO


EPISTEMOLOGIA

A pesar de las diferentes definiciones que la academia le ha otorgado a las disciplinas de la teoría del conocimiento, epistemología, gnociología o filosofía de la ciencia, a fin de cuentas terminamos siempre refiriéndonos a lo mismo al esgrimir estos términos.

Etimológicamente, scientia (ciencia) en latín significa lo mismo que ephisteme y gnosis (conocimiento) en griego. En la época de Aristóteles, sabiduría, conocimiento y ciencia eran sinónimos, Los conceptos pueden haber variado, pero las definiciones no han cambiado por que dependen de sus raíces etimológicas para sus atribuciones semánticas. Me refiero que lo que ha cambiado es el uso social de los términos, a medida que las categorías positivas en la ciencia ganaron vigencia y principalmente las ciencias naturales ganaron el respeto académico como ciencias positivas.

Las ciencias naturales y las abstractas (lógica, física, matemáticas etc.) formaron un bloque que a sido denominado como ciencias duras, en contraposición a lo que se llamó ciencias humanas, blandas o sociales.

Pero dentro de estos conclaves de científicos diferenciados por su campo determinado de estudio, existieron, existen y existirán tribus, caracterizadas por sus propios códigos simbólicos, credos, creencias (mitos), ética e intereses, toda una sub-cultura.

Las creencias se encuentran delimitadas en sus paradigmas, paradigmas que le dan su nombre como escuela del conocimiento. Ninguna de estas escuelas es absolutamente independiente de las otras, es mas, cada nuevo paradigma se deriva de paradigmas anteriores que han evolucionado o que han nacido como respuesta o refutación a paradigmas anteriores.

Según Khun un nuevo paradigma gana vigencia cuando logra contestar preguntas que los viejos paradigmas no podían. Así el nuevo paradigma gana terreno aunque el viejo paradigma continué respondiendo más preguntas que el nuevo. Según Lakatos los viejos paradigmas no desaparecen, solo se encapsulan y continúan existiendo hasta que se reactualizan

En ciencias humanas algunos paradigmas se disputaron la hegemonía en las cátedras universitarias desde la fundación de las primeras universidades hasta hoy.

Materialismo, idealismo, racionalismo, empirismo, positivismo, neo-positivismo, humanismo, marxismo, fenomenológica, constructivismo son algunos de estos paradigmas que de ninguna maneras son islas entre ellos, a pesar que hayan nacido enfrentándose a alguna fuerza de pensamiento anterior.


De hecho estos paradigmas son defendidos por escuelas a las cuales se denomina con el nombre del paradigma que defienden y estas escuelas forman parejas de opuestos:

Idealismo-materialismo
Racionalismo-empirismo
Marxismo-positivismo
Positivismo-humanismo
Marxismo-neopositivismo
Neopositivismo-constructivismo

Y también se alían en coyunturas o ejes cuando son paradigmáticamente complementarios:

Idealismo-humanismo-fenomenología, Materialismo-marxismo-humanismo, Empirismo-idealismo-constructivismo, etc.

Formando grandes bloques como el objetivismo (materialismo-
Racionalismo-empirismo-Positivismo-Neopositivismo) o el Post-positivismo (
Fenomenológica-Neo-marxismo-humanismo-constructivismo)

También las escuelas se pueden distinguir según la lógica que usan para elaborar sus proposiciones.

Formal (inductivas o deductivas)
Informal (paradójicas-tautológicas)

Dentro de las inductivas tenemos: Idealismo, empirismo, positivismo, neo-positivismo, humanismo, marxismo, fenomenológica.

Dentro de las deductivas esta el racionalismo.

Dentro de las informales tenemos a las corrientes posmodernas en ciencia.

La naturaleza paradigmática del conocimiento científico ha permitido hoy en día el trabajo inter-disciplinario y trans-disciplinario.

Cuando hablamos de trabajo interdisciplinario, nos referimos a diversos científicos trabajando desde diferentes disciplinas y que no necesariamente comparten el mismo paradigma, cuando hablamos de transdiciplario hablamos de diferentes científicos de diferentes disciplinas que abordan el fenómeno desde el mismo paradigma, esta es la tendencia actual de trabajo para enfrentar la investigación social.

La epistemología estudia las bases filosóficas de las ciencia, pero no es el único condicionante interno de cada una de ellas todas las ciencia responden a algún tipos de ontología, axiología, deontología que se manifestaran en su ideología y delimitaran la metodología de su praxis. Inclusive las ciencias tienen su ética y su estética propia al igual que sus propias creencias (mitos y cosmogonía).

IDEOLOGIA

Antes de Marx el termino ideología se entendía como el nombre de la disciplina que estudiaba la formación de las ideas (rama de la filosofía antecedente de la sociología del conocimiento), después de Marx, ideología se entiende como “falsa conciencia” y hoy en día la acepción vulgar del termino la entiende como el conjunto de preceptos filosófico-políticos que sigue un sujeto a la hora de su obrar o decir político.

No esta claro como la teoría de las ideas termino convirtiéndose en la “falsa conciencia”. No por que no este claro que hay una serie de intereses que predominen tras el discurso o el actuar de los actores sociales, ni tampoco por que sea falso que cada discurso tiene un amo y que cada actor represente el papel de peón el juego de ajedrez, donde el rey es el amo de ese sistema social. Si no por que no queda claro por que escoger ese significante tan arbitrario para ese significado.

En todo caso, gracias a Marx, padre post-mortem de la sociología del conflicto y pre-antecesor de la moderna sociología del conocimiento se ha entendido a la ideología como problema clásico de estudio para los sociólogos del conocimiento. Y le corresponde a Stark, el mérito de atreverse a formular la herética conclusión que la ideología no era pues un fenómeno sociológico, si no, mas bien psicológico

Sin embargo, ¿puede un fenonomeno psicológico ser exclusivamente psíquico?, como psicólogo y sociólogo debo de admitir (heréticamente) que querer separar los fenómenos psicológicos de los sociológicos es tan arbitrario, como separar los fenómenos sociales de los políticos. Estas separaciones tienen principalmente una función pedagógica, pero distan mucho de ser exactas.

En todo caso Marx usa el modelo de la lógica formal de la cual suele no ser muy amante (por lo general), para referirse que la ideología es una falacia del pensamiento, es decir una conciencia viciada por el interés del amo, tal vez justamente por no ser seguidor de la lógica formal, si no mas bien de la lógica dialéctica (si hemos de creerle a Hegel que existe tal cosa), es que no atina a usar el modelo de la falacia de la lógica formal, con mayor acierto.

Para Hegel en el mundo y la nación, el espíritu y la conciencia, el amo y el esclavo se encontraban en una relación dialéctica. Así para Marx, la conducta del proletario (esclavo) será subsidiaria de la voluntad de su amo (el burgués), y también lo será su discurso y por ende su creencia.

Lo que media según Marx, entre la actividad del sujeto y el interés de ese amo, es la ideología, esa creencia que tiene sometido al proletario en beneficio de los intereses de el amo, esa creencia según Marx, es una falsa conciencia, por que el proletario no tiene una verdadera conciencia de clase (proletaria), por lo tanto no defiende sus intereses (proletarios), ni actúa para su propia conveniencia (proletaria), sino que defiende los intereses de su amo creyendo que son los propios, así predica el discurso de su amo creyéndolo propio también y profesa la religión de su amo sin saber que es el opio que lo tiene dormido. Y como no es conciente de todo esto, dice Stark, entonces es un fenómeno psicológico y lo debe estudiar la psicología del conocimiento, no la sociología del conocimiento.

En primer lugar el fenómeno de la ideología es tan psicológico como sociológico, podríamos denominarlo socio-psicológico, de hecho no me agradan estas nomenclaturas mas bien deberíamos hablar de grados de condicionante social o psíquico en estos fenómenos que son todos socio-psicológicos y dialógicamente psico-sociológicos, si aceptamos la tesis de Morin de la auto-eco-re-organización de los procesos mentales, sociales y políticos.

Los sociólogos marxistas han querido además separar el fenómeno de la ideología del fenómeno de la alienación. Refiriendo que cuando hablamos de ideología, hablamos de algo conciente, falso, pero consciente. Y cuando hablamos de alienación hablamos de un proceso inconciente sin embargo la dependencia dialéctica entre la ideología de alguien y el proceso alienatorio es irrefutable. ¿Como puede llegar una creencia ajena a ser propia si no es por medio de la alienación? (Es sorprendente lo freudianos que son los sociólogos marxistas hoy en día, mientras los psicólogos marxistas condenan la meta-psicología freudiana con el mayor repudio).

Entendemos como alienación, el proceso por el cual tomamos como nuestras, creencias ajenas y la conciencia falsa ha sido insertada en benéfico del amo en la mente del esclavo, según Marx, de una manera inconciente, por ser parte el sujeto, de un sistema social que opera de tal manera que la actividad social condiciona la actividad mental, el amo hegeliano para marx es el burgués-capitalista y el esclavo es el proletario-obrero.

¿Y como esto no va a ser un fenómeno propio de la sociología del conocimiento? si siguiendo esta lógica, todo sujeto social se encuentra alienado y todo actor social es un sujeto ideológico es decir esta sujetado a una ideología determinada, por ende todo producto cultural refleja una ideología y será el efecto material de un proceso alienatoirio.

Si todos hablamos un lenguaje aprendido, si nacemos en una cultura que nos estaba ya esperando, si el lenguaje, esa red de significantes ya existía cuando llegamos, navegamos en ella y cuando muramos seguirá existiendo, todos somos alienados y alienantes de los demás.

Sin embargo la teoría marxista dice que esto se supera adquiriendo una “conciencia de clase”, pero ¿esta conciencia no es aprendida, no se aprende leyendo, participando, militando y actuando? ¿Entonces como es que este aprendizaje no es alienación? Y ¿esta clase organizada no tiene líderes?, ¿estos líderes no buscan obtener el poder de los medios de producción? , ¿Entonces como es que esta clase no tiene amo? Y si tiene amo, ¿como es que estos sujetos al adquirir esa conciencia de clase no están siendo alienados por la ideología de esos amos?

Estas preguntas son un ejercicio de lógica, tengo algunos años haciéndolas a marxistas y hasta hora no he escuchado ninguna respuesta que siga una coherencia lógica, siempre recibo el mismo discurso ideológico previamente alienado por los amos de la tendencia marxista. Aquí vemos un clásico ejemplo de que Merton tenia razón cuando opinaba que la ideología no podía depurarse de ninguna forma de pensamiento por más critica o científica que pretenda ser. La sociología del conocimiento tiene muchas preguntas que contestar aún sobre el problema de la ideología y la alineación en la sociedad de los sociólogos del conocimiento, subcultura de los científicos del conocimiento social por excelencia.
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UTOPIA

Siguiendo el hilo conductor de la historia del pensamiento llegamos a la orilla del pensamiento utópico, producto idílico de la filosofía social clásica, donde los renombrados utopistas se aventuraron en el diseño de la ingería social y nos dieron cátedra como debe ser una sociedad de seres humanos donde en realidad no se encuentra casi ninguna característica humana.

La ingeniería social, ha resultado ser la actividad humana más conflictiva de la historia humana, no porque no produzca resultados, si no porque sus resultados nunca son los resultados proyectados y nunca se consiguen productos sociales sin daño colateral que afecte al ecosistema y por retroalimentación ala sociedad misma.

Los clásicos ingenieros sociales de nuestro tiempo son los economistas mercantilistas, neoclásicos, keynesianos y marxistas. Así también los técnicos del BID, FMI, CEPAL o cualquiera que pretenda controlar las variables de un sistema socio-político-económico que se auto-eco-re-organiza y que produce lo que Simmel llamó cultura objetiva.

Pero estos ingenieros sociales modernos no han aparecido por generación espontánea, ellos se deben a una escuela, que sigue una epistemología, que responde a su vez a una ideología alienada.

Estas ideologías alienadas responden a visiones utópicas de la sociedad, que son claramente distinguibles. Utopía, significa: ningún lugar, celebre nombre para la obra de Tomas Moro. Ningún lugar, acertado nombre para una sociedad inexistente, un ideal, que por ideal es inalcanzable e irreal.

Veamos dos ejemplos claro de utopía usando dos proyectos opuestos, antagónicos pero igualmente utópicos. El anarco-capitalismo vs el anarco-comunismo, las dos utopías son totalmente antagónicas, sin embargo las dos son formas de anarquía, las dos pretenden la disolución del estado, la moneda y las leyes, las dos predicen que se llegara a esta etapa por la transformación no violenta de la sociedad.

Al socialismo según Marx, se llega por revolución, pero al comunismo se llega por concientización, por pacifica transición donde no será necesario el estado, la represión las leyes, el gobierno, el partido comunista, ni la propiedad publica.

Al anarco-capitalismo se llega por una transición desde el capitalismo, osea la época actual, y en el no se necesitará tampoco, gobierno, leyes, estado, ni órganos de coerción policial ni militar y solo existirá la propiedad privada y la publica desaparecerá.

Estas visiones son igualmente utópicas tan utópicas como las sociedades diseñados por Platón, Moro, Skinner o Rand, utópicas por ideales e impracticables.

Los utopistas son al mismo tiempo ideólogos, en su obra se encierra semillas ideológicas que cosecharan en sus seguidores doctrinas ideológicas, Saint Simon y Marx bebieron esas fuentes, Sus doctrinas son frutos del árbol de la utopía, del otro lado las doctrinas de la destrucción del estado a favor del anarco-capitalismo también..
En nuestra Constitución vigente tenemos el claro ejemplo de esta ideología utópica al consagrar como constitucional la economía social y solidaria, que se interpreta como una economonia que no se rige por leyes macro-económicas, si no por sentimientos utópicos de solidaridad (parece un chiste, pero es cierto).

DETERMINANTES SOCIO-POLITICOS DE L CONOCIMIENTO.

¿Tiene la ciencia determinantes socio-político-económicos?, ¿tendrá la producción científica este tipo de condicionantes?, ¿existirá la ciencia absolutamente pura?, ¿existe la ciencia antiséptica, impermeable y no ideológica?

Contestemos estas preguntas:

Si la ciencia es un producto cultural, no puede estar libre de las características de la cultura donde se produce. A tal punto que los norteamericanos, conocidos por su sentido pragmático, bautizaron con el nombre de “Pragmatismo” ala escuela que predominó en sus universidades en la primera mitad del siglo 20.

Y ¿las otras formas de conocimiento, tendrán condicionantes socio-políticos?

Para Weber por ejemplo, el espíritu del protestantismo, había influido en la actividad económica alemana, analógicamente esto implica que la cultura subjetiva alemana influye en sus productos culturales, por lo tanto, las creencia influirían en la producción científica material y no al revés. Sin embargo muchas veces la realidad es opuesta.

Científicos judíos encontraron el éxito en USA, en una época en que en Alemania, hubieran sido ejecutados, Atletas del tercer mundo ganan medalla olímpica después de nacionalizarse y entrenar en Europa. Políticos ecuatorianos gobiernan el país después de haber sido becados en universidades de Europa y USA. Bolívar aprendió sus ideales libertarios en Inglaterra y Francia. G. H. Mead se formó como filósofo y psicólogo en Alemania antes de enseñar en USA. Los ejemplos son múltiples.

En uno de sus libros Noam Chomsky enumera decenas de académicos de izquierda que fueron expulsados de sus puestos de trabajo en universidades norte-americanas por criticar a los gobiernos republicanos. Por razones políticas estos científicos ya no tendrán ni los fondos, ni los equipos, ni el personal para concluir sus investigaciones.

Según el Psicólogo cubano Enrique Velez, las élites burocráticas de la academia cubana prohibieron la investigación de los fenómenos parapsicológicos de la santería en cuba por considerarlos anti-científicos.

Según Alex Kosoulin, las obras de Vigotsky en Rusia fueron prohibidas por 50 años en Rusia por considerarlas idealistas e imperialistas, hasta que Leontiev las rescato y las alteró agregándoles pasajes pro marxistas.

La producción de vehículos con combustibles alternativos se encuentra paralizada, las grandes petroleras boicotean cualquier intento de producción de estos vehículos a pesar de que las universidades han elaborado ya cientos de prototipos.

La fito-terapia ha conseguido prolongarles la vida indefinidamente a enfermos de HIV en Brazil y el estado brazilero no financia ninguna investigación al respecto. En la selva amazónica, los shamanes han logrado curar adicciones ala heroína y ala cocaina, cosa que no se ha conseguido con ninguna otra terapia, sin que la comunidad científica mundial investigue nada al respecto, atrás de esta inercia están los laboratorios farmacéuticos que producen retrobirales y tranquilizantes.


ROL SOCIAL DEL CIENTIFICO

El científico no esta libre de este entramado de relaciones sociales y políticas y mas aún en Latinoamérica donde las reglas de juego para la inversión en proyectos de investigación no son claras, son inexistentes o mutan cada año y giran en torno al parecer arbitrario de los burócratas de turno.

El año 2008 los investigadores científicos registrados en el CONESUP (yo estoy registrado por la UEES) nos desayunamos de dos nuevas mutaciones. Primero el formato para los proyectos de investigación incluía la exigencia del “marco lógico”, un diseño típico para proyectos de desarrollo, exigidos por los organismos internacionales.

Así que primero nos enfrentamos a esa arbitrariedad, la exigencia de un formato que esta diseñado para otro tipo de proyecto, había que inventarse una aplicación par la investigación. Y luego en segundo lugar nos informaron gentilmente los técnicos del CONESUP que los fondos estaban restringidos exclusivamente para las universidades estatales. Por lo tanto ninguna universidad podría recibirlos, cuando en todo el mundo occidental son las universidades privadas las que lideran la investigación científica.

¿Que termina haciendo un científico en una sociedad como la nuestra? laborando en la empresa privada en uno de los escasísimos puestos de trabajo disponibles y convirtiéndose en agente del bio-poder o en su defecto, como lo cita Daniel Denté, se dedica ala cátedra, convirtiéndose metafóricamente en una alcibia (molusco que cuando nace, nada en busca de su nicho ecológico y cuando lo encuentra, se come su cerebro, por que ya no lo necesita).

En Ecuador los científicos terminan siendo enciclopédicos reproductores de obras ajenas, de trabajos de científicos extranjeros, que si tienen fuentes de financiamiento, por que en sus países si se invierte en investigación, o si tienen fortuna, se vuelven ayudantes de científicos extranjeros que vienen a nuestro país, a investigarlo por que aquí si hay los fenómenos sociales que ellos buscan investigar, por ultimo, el científico ecuatoriano emigra en busca de una sociedad menos hostil donde pueda ejercer su profesión y realizarse en su vocación (si es que existe en realidad algo que pueda ser llamado así).

En una de mis clases como estudiante de sociología en el 2008, fui censurado por una maestra, por dar a conocer el resultado de una investigación que hice en el PMT de Guayaquil en el año 2007, que arrojaba lo siguiente:

De los niños inscritos en el programa reportaban maltrato físico por parte de sus madres en mucho mayor grado que el que reportaban por parte de sus padres. Los niños en su mayoría si tuvieran que elegir en caso de separación de sus padres, elegirían seguir viviendo con sus padres justamente por el hecho de que los padres los golpeaban menos.

En otra clase fui censurado cuando presente los balances del SRI que indicaban que Guayaquil entregaba muchísimos más recursos al estado de los que el estado le devolvía en inversiones.

En una clase de actualización de Ingles, en la UEES, en la que me encontraba asistiendo en calidad de oyente, fui censurado por otra maestra mujer, cuando expliqué que las interconexiones en el cuerpo calloso del cerebro en la mujer no funcionan de forma idéntica que el hombre y que el peso de las amígdalas e hipotálamos de hombres y mujeres no son idénticos.

Estos son mínimos ejemplos de cómo la investigación científica puede ser supeditada a la coyuntura política para llegar a aprobarse, financiarse y en muchos casos hasta a publicarse.
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SOCIOLOGÍA DEL CONOCIMIENTO.

Esta rama de la sociología busca encontrar las causas, características y los determinantes sociales del conocimiento en una sociedad dada. Como sociología que es debe dedicarse a lo que hace toda sociología, diagnosticar e intervenir en su campo de acción, el conocimiento social.

No debe a esta forma de la sociología condenársela a ser por siempre una disciplina teórica debe permitírsele desarrollarse también como ciencia aplicada, como toda sociología. Ya existe desde hace unos veinte años o mas en USA, departamentos de sociología cognitiva en universidades renombradas.

Tampoco es la única ciencia que estudia el conocimiento, existe la psicología cognitiva y antropología cognitiva, además de otras disciplinas que nutren ala sociología del conocimiento como la teoría del conocimiento y epistemología.

La Sociología del conocimiento tiene sus dos grandes divisiones en la macro y micro sociología del conocimiento y también sus sub divisiones como la sociología de la ciencia, sociología del arte, sociología de la religión etc. Es interesante reconocer que también son alimentadas por sus respectivas formas de filosofía de la ciencia, el arte y la religión. Pero hay un elemento que se vuelve condicionante para que una investigación del conocimiento sea principalmente sociológica y no de otra disciplina.

En un diagnóstico por ejemplo hay algo que separa una investigación de sociología cognitiva de una investigación de psicología cognitiva, por ejemplo. Y esta es justamente una presuposición, una perspectiva, un punto de vista: El conocimiento esta pre-determinado socialmente.

Esto significa creerle a marx: Es la actividad social-material humana lo que determina la conducta mental humana.

Y significa negar a Hegel: Es el espíritu el que determina la activad social-material humana.

Si entendemos el termino Geist de Hegel como psiquis, llamamos a su posición psicologismo, Hegel fue el más grande psicologista. En contraposición llamamos a la tesis de Marx, sociologista, Marx fue el más grande sociologista. No hace falta decir que ambas tesis antagónicas son reduccionismos y que la realidad del fenómeno es dialógica, osea en ambas vías.

Sin embargo como sociólogos es válido que nos ubiquemos en la posición sociologista para poder acceder a la perspectiva sociológica del fenómeno en cuestión, en este caso el conocimiento, lo que por ejemplo a Vigotsky lo ubica mas en el lado de los sociólogos que en el de los psicólogos y convierte a toda la escuela socio-histórico-cultural que lo sigue en realidad en una escuela de psico-sociología.

Hay otras escuelas que también se terminan ubicando en esta categoría como todas las que sostienen la predeterminación del ambiente sobre el sujeto, estas son la escuela conductista social y la conductista radical, que rechazan inclusive auto denominarse como psicología y se autoproclaman ciencia de la conducta.

La sociología del conocimiento encuentra los determinantes sociales en todo tipo de actividad humana. Encuentra explicaciones ante los cambios sociales, sean estos violentos o democráticos.

Tiene mucho que decir acerca de las creencias populares y el comportamiento político-electoral. Sobre el porque el populismo tiene secuestrada a Latinoamérica desde hace años. Por qué las políticas de subsidios y bonos aseguran la popularidad de los gobiernos en Latinoamérica y por que caudillos electoreros terminan adueñándose de nuestros países.

En nuestro ultimo proceso constituyente una serie de ideologías, creencias e intereses políticos estuvieron en juego y se barajaron diversas posiciones, sin embargo las tesis oficialistas encontraron la victoria.

Hubieron muchas variables en juego, una de las principales fue la disciplina partidista que obligo a indígenas votar contra sus propios intereses, que sacerdotes no voten de acuerdo al parecer de la iglesia y que asambleístas manabitas inclusive voten por que la sede de la asamblea no quede en Manabí.

Los intereses en las más altas esferas político-económicas, se barajaron ala hora de tomar las decisiones que se auto-justificaron con argumentos ideológicos, a pesar que se resolvieron artículos impracticables, imposibles y contradictorios, que poco a poco el mismo gobierno se encarga de violar, pero que por razones de marketing político convenía dejar escritos en la constitución.

Es materia de la sociología del conocimiento explicar como puede el discurso del líder político acomodarse continuamente a las expectativas populares, aunque continuamente este incumpliendo lo que ofrece. Cuales son los mecanismos materiales (bonos-subsidios) que operan sobre el pueblo para que la popularidad del líder (Correa) decrezca o no.
Ante esto no puede la sociología del conocimiento en este caso ni en ningún otro, ser una disciplina estrictamente pura, deberá compartir su objeto de estudio con otras formas de sociología (en este caso la sociología política) y aún con otras ciencias del conocimiento humano, como la politología y la psicología. También es posible que la investigación de estos temas planteados conduzcan al desarrollo de una nueva rama, la psico-sociología política del conocimiento.




Fuentes:
Los determinantes políticos y sociales del conocimiento. Kart Manheim.
El científico y su rol social. Gerar De Gré.
Características generales de las utopías sociales. Raymond Ruyer.
La búsqueda de las utopías. Glenn Negley y J. Patrick
Después de Marx que es la ciencia social.
Los antecedentes de la sociología del conocimiento. Werner Stark
El Campo de la sociología del conocimiento. Werner Stark
La sociología del conocimiento. Robert. K. Merton
Contribuciones a la economía política. Kart Marx.
www.wikipedia.com
www.encarta.com